Hasta hace poco mi trabajo ha consistido en hacer sombreros y salir a la calle a venderlos.
Ahora, ya sólo tengo que hacerlos.
No tengo tienda. Siempre he trabajado en la calle.
En un principio escogí esta forma de distribución condicionada por la necesidad: no tenía ni un duro, y la venta ambulante me ofrecía la oportunidad de acercar mi trabajo a la gente, sin tener que hacer grandes inversiones.
Siempre me he esforzado en realizar todo el proceso artesanal en el punto de venta. A la gente le encanta ver cómo confecciono el sombrero que va a pagar.
Así he trabajado en mercadillos y rastros. En ferias medievales y de artesanía. En paseos de playa levantinos y ferias rurales castellanas. En la Plaza Nueva, en el Arenal…etc.
La calle siempre me ha acogido bien. En la esquina de una plaza o calle concurrida. Allí me plantaba yo con mi máquina de coser antigua de manivela, a hacer gorros, rodeada de gente que me animaba y compraba…bueno, a veces venía la policía…y se acababa la fiesta.
Pero de eso hace ya mucho tiempo.
Se puede decir que ahora gozo de una situación económicamente mucho más estable, y que para vender mis gorros, ya no tengo que ir de pueblo en pueblo ni de feria en feria.
Gracias a la oportunidad que me ha dado la calle de dar a conocer mi trabajo, ahora cuento con pedidos y encargos que me garantizan el sustento.
Hablo del sustento material, porque a nivel humano, he salido perdiendo con el cambio.
Echo de menos el trato directo con las personas. Echo de menos a los trotagorros callejeros, y sobre todo echo de menos a todos esos trotagorros que aún no han salido del armario.
Y es que aunque no lo creáis, todavía queda mucha gente apasionada por los sombreros, que incluso los colecciona, pero que no se atreve a salir con ellos a la calle!!.
Mis mejores ventas, de las que más orgullosa estoy, son las que han servido para convertir en trotagorros declarados, a personas que nunca usaban sombrero, ni gorra, ni nada en la cabeza. Este tipo de encuentros sólo son posibles en la calle. Alguien que no usa sombrero (aunque lo esté deseando), difícilmente pasará la barrera de entrar en un local, aunque sea una buena tienda especializada en sombreros. En cambio en un puesto callejero, lúdicamente, la gente mira, se anima a probarse uno, y otro, y otro…encuentra el modelo con el que se identifica, y se lo lleva puesto. Su primer gorro! Et voilà! a partir de ahí, ya tengo un cliente perpetuo que sigue y difunde mi trabajo, y que me hace encargos periódicamente. Y por si esto fuera poco, también se encarga del control de calidad del producto: los avances en mi trabajo se los debo a las personas que trotan mis gorros. Sus ideas, sugerencias, opiniones y quejas son de incalculable valor para mí, que como artesana voy construyendo y mejorando mis piezas poco a poco.
Ahora que mi forma de trabajar ha cambiado (más taller y menos calle), mi vida se ha vuelto más cómoda, pero no quiero perder el contacto con la gente.
No quiero dejar de conocer trotagorros.
Así se me ocurrió la idea de abrir trotagorros.com
Espero que el mantenimiento de esta web me sirva de ventana por la que seguir viendo qué es lo que realmente la gente lleva en la cabeza, qué es lo que les gusta, qué buscan y qué tipo de gorro les gustaría que existiera.
Y espero sobretodo, que trotagorros.com cumpla con su función evangelizadora jejje, y que sirva para que todos los trotagorros aún no declarados, dejen de tomarse la vida tan en serio, y que se echen a la calle con un bonito gorro.